Fiesta por el Migrante y el Refugiado – Domingo 5 de octubre, Pechina
Hola, querido lector:
El pasado domingo 5 de octubre celebramos con mucha alegría la Fiesta por el Migrante y el Refugiado. Fue un día lleno de vida, encuentro y fraternidad.
Participamos cerca de 200 personas, la mayoría migrantes procedentes de Níjar, los Vélez, Roquetas, El Ejido y otras zonas cercanas. Vinimos en dos autobuses y varios coches particulares. Entre los asistentes había personas de Marruecos, Senegal, Mali, Guinea, Argelia, Colombia, Perú, Bolivia, Ecuador… una hermosa diversidad que reflejaba el espíritu de la jornada.
La caminata tuvo tres momentos muy significativos:
Primera parada: frente a la Iglesia Evangélica, donde compartimos una oración acompañada de cantos.
Segunda parada: en la plaza de Pechina, donde un joven musulmán nos ofreció una lectura del Corán, primero en árabe y luego en español.
Tercer momento: en la Iglesia Parroquial, donde todos fuimos invitados a entrar… y todos lo hicimos. Fue un gesto precioso, lleno de sentido y unidad: acogida, fraternidad, puentes que se tienden entre culturas y la mirada de un único Dios que nos ama con ternura.
Después vino la gran fiesta.
El alcalde nos sorprendió con 400 bocadillos (de queso con pavo, chorizo y sobrasada), refrescos y agua para todos. Mientras compartíamos la comida, la música empezó a sonar: participaron varios grupos con canciones muy acordes al tema del día. Uno de ellos fue el grupo de laicos y voluntarios de La Fuentecica, un barrio con gran presencia marroquí y gitana; y otro, las 200 de Roquetas, acompañadas de su párroco, un misionero africano de los Padres Blancos.
El ambiente fue puro ritmo, alegría y encuentro. En un momento, Vero no pudo resistirse: se levantó de la silla, subió al escenario y empezó a bailar. Los aplausos y los vivas animaron a muchos más, y así se desató la fiesta. Fue un momento de comunión, alegría y libertad compartida.
Ya al caer la tarde, alrededor de las nueve, emprendimos el regreso. Muchos debían madrugar para ir a trabajar en los invernaderos, pero todos volvíamos con el corazón lleno.
Queridas hermanas, queríamos hacerlas partícipes de nuestra alegría y de este encuentro tan lleno de vida.


