Misioneras De Cristo Jesús

Día Fieles Difuntos

«El Camino hacia la Casa del Padre»

Hoy, cuando recordamos a nuestros seres queridos que han partido, es natural que nuestros corazones se llenen de nostalgia y, a veces, de turbación. La ausencia duele, y el silencio donde antes había una voz querida puede parecerse al desolado lamento del profeta: «Mi alma está excluida de la paz, he olvidado la felicidad» (Lm 3, 17).

En medio de esta pena, el Evangelio nos dirige una palabra que es como un faro en la oscuridad: «No se turbe su corazón».

Jesús nos dice esto precisamente porque conoce nuestra fragilidad. Él no nos pide que ignoremos el dolor, sino que, en medio de él, fijemos nuestra mirada en una verdad más grande y consoladora: La muerte no es el final, sino el paso a la Casa del Padre

Él mismo nos ha ido a preparar un lugar. No un lugar cualquiera, sino una habitación en la morada de Dios, donde Él mismo nos recibirá. La promesa es clara y personal: «Volveré para tomarlos conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes».

Ante esta promesa, como Tomás, nosotros también podemos preguntar con inquietud: «Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos conocer el camino?». Y la respuesta de Jesús es la clave que lo transforma todo, la respuesta que convierte nuestra tristeza en esperanza:

«Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida».

Hoy, día de los fieles difuntos y al recordar a nuestros seres amados, podemos encontrar consuelo en estas palabras:

Jesús es el Camino: Él es el puente que une nuestra tierra con el cielo. Nuestros seres queridos que murieron en la fe ya han emprendido y llegado por este mismo Camino.
Jesús es la Verdad: Su promesa no es una simple idea bonita, es la Verdad última sobre la vida y la muerte. Nuestra fe se apoya en esta roca.
Jesús es la Vida: Él ha vencido a la muerte. Por eso, para quienes creen en Él, la vida no termina, solo se transforma.

La esperanza de Lamentaciones se cumple en Cristo: «Bueno es el Señor para quien en Él espera… Es bueno esperar en silencio la salvación del Señor» (Lm 3, 25-26).

Hoy, no nos quedemos solo en el recuerdo del adiós. Miremos con fe hacia el reencuentro. Confiemos en que aquellos que amamos están seguros en las manos del Padre, porque siguieron el único Camino que conduce a Él: Jesucristo, hoy, mañana y siempre

Bonito día 🤍🙏🏻

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